y ya

miro las carpetas

llenas de deberes incumplidos,

preparo una clase inaplazable,

y entierro mi disfraz

de cigarra feliz.

vuelta

la casa nos esperaba

en penumbras, callada.

al otro lado de la wifi

la vida, llamando a la puerta.

nos demoramos con la llave, reacios.

daniel

tus parloteos ininteligibles,

tus ojazos,

y tu piel suave de bebé

llenan de gracia las mañanas,

las sobremesas, las veladas.

cerdeña

más amplia, más larga,

más grande; pero también seca,

amarilla, verde, azul. familiar.

que no necesito viajar lejos

para hallar lo que deseo.

madrugada

te espero la noche en vela:

era cuestión de tiempo.

llegas tarde y tropiezas

te recojo, te atiendo,

cachorrillo bobo.

calma

las hojas tamizan la tarde

en un baile de sombras.

me sumerjo, casi sin ruido,

en la frescura del agua -

me acuesto en mi ingravidez.

sofá

abre sus fauces grandotas

y acolchadas,

presto a hacer presa

y devorar mis horas,

sin posos, sin restos, sin pistas.

lili

te veo probarte mi ropa vieja

mientras me cuentas tus cosas,

y te veo más alta,

más guapa,

más todo.

otro

y cae otro,

a lo tonto,

sin más.

paso un día gris

como un preludio.

conversión

descendemos por el mapa

cuesta abajo,

de oeste a este.

conversión de energía potencial

en mecánica: a casa.

fugaz

suena el despertador:

ya se ha puesto la luna,

es hora de mirar estrellas.

hacia el noreste, a ratos,

llora san lorenzo.

jaleo

límites claros para mar y cielo, hoy:

una línea oscura y densa;

en cambio discuten con saña

agua y tierra.

el viento jalea.

insomnio

tras el cristal, las luces de Porto do Son.

en la noche, algún punto brillante.

desde la cama miro a lo alto,

vaya a ser que se me escape

alguna fugaz perseida precoz.

depende

las nubes juegan con nosotros

al gato y al ratón:

en el coche paraguas y bañadores,

ahora me tuesto en la arena,

ahora me arrebujo con la toalla.

niebla

la niebla cubre la ría.

persiste sobre las aguas

como una base mullida,

hace flotar la costa

y enfría el aire de mar.

azabaches

peregrinos fieles

volvemos a Fonseca:

tu catas albariños,

yo calibro azabaches.

la ría sube y baja.