como en un sueño de escaleras imposibles,
que no se dejan subir,
así se alargan y multiplican las obligaciones,
inacabables.
sin fin.
más
aguaceros
se despide abril con agua:
tormentas intensas y excesivas,
rayos, truenos y granizos
que me pillan desprevenida,
bajo la lluvia.
levante
con los ojos cerrados
acoplo mi respirar
al vaivén de las olas,
dejando que los minutos pasen
indoloros, uno tras otro.
campo
entre espigas y espliego,
flores anónimas de vivo amarillo,
y alguna amapola despistada,
escuchamos el silencio
del trino de los pájaros.
heliofilia
la isla amanece brumosa,
queriendo y no queriendo llover.
los turistas, desorientados,
vagamos en círculos
buscando el sol.
ya
empiezan a deslizarse las vacaciones
cuesta abajo.
ya no parece que la luz se alargue
ni aumentan ni sol, ni calor.
además, el tiempo no cunde.
deber
me comporto como debo,
chica buena,
hasta donde llego
cumplo, según entiendo.
descanso y sueño en las nubes.
trayecto
la primavera se viene conmigo
de vuelta, la ventanilla bajada;
travesuras del aire en mi pelo
pensamientos y sentimientos
peinados por el viento.
eversión
el día se vuelca hacia fuera;
extrovertido, se llena
de llamadas, de papeles, de palabras.
fuera de mi cuevita
hace calor, hace ruido, hace miedo.
madrugada
son altas horas y aquí sigo
- ahora ya sin sueño -
entre pantallas y papeles,
un vago sentido de obligación,
y la libertad de tener el tiempo preso.
fuera
del semisótano al jardín
la distancia es escasa
en metros, en pasos, en tiempo...
pero tras las escaleras hay
otra estación, otro clima, otro mundo.
idus
lo esperamos de la mano, encogidas.
año tras año.
la incógnita es qué, y en qué grado.
la certidumbre:
que no hay primavera inocua.
retrospectivo
escribo hacia atrás
como los cangrejos;
haciendo memoria y trampas.
para obviar que día a día
se me olvida la vida.
alevosía
por el resquicio de la puerta
se cuela la primavera, sibilina.
insolente, se desparrama y se acomoda;
desplegada en el horizonte deslumbra,
intriga, maniobra, trapichea, aturde.