no conozco ni el orden ni el concierto
ni se hacer las cosas con cadencia.
todo surge a trompicones,
alternando indolencia y pereza
con desesperado frenesí productivo.
cigarra
madrugando
me concentro en mantenerme
entre la continua y la discontinua.
vuelve a ser de noche,
y el cielo insiste, chivato:
lo del reloj es trola.
comadres
invocamos a la primavera
chismosas, tricotando flores;
penelopeando esperamos,
impacientes,
el milagro de los panes.
colores
llegan con la luz,
inundan balcones,
terrazas, jardines,
parterres y floristerias,
susurrando: captúrame.
enlazado
del sueño a la vigilia,
y de la vigila al sueño,
sueño con la vigilia,
y en la vigila,
sueño.
escaso
no se que fue
de mi amplio espacio vital
y las noches en vela
que usaba para crear,
a solas con la luna.
lunar
en teoría más cerca que nunca,
en cualquier caso grande y plena,
quiero creer que veo miradas alunizadas,
reflejadas en su disco blanco
como en un espejo.
distimia
directamente proporcional,
e inversamente proporcional,
regada con la lluvia
y los pequeños impedimentos,
aquí está, otra vez.
domingo
fatiga, cansancio, hastío.
mezcla difusa de desánimo
y deber incumplido,
horas espesas de domingo
que no pasan, y se esfuman.
perigeo
se abre la tierra y
surge la marea descontrolada.
agachados, asustados,
otro marzo a los pies de la luna,
a siete días del perigeo.
prudencia
quedarse corto da rabia
pero es un mal menor
cuando juegas al siete y medio;
aunque cueste ponerse freno
pasarse no tiene arreglo.
física
en tus sentimientos
la certeza de la incertidumbre,
las influencias recíprocas
de tiempo y espacio -
oxímoron de la realidad.
brotes
de refilón, en un semáforo,
en el puesto de flores:
preparados
pero sin brotar aún,
tulipanes y jacintos.
independientes
pesan mis párpados,
grávidos,
empeñados en bajar
y arrastrarme hacia el sueño,
en cerrar mi vigilia.